Son las siete y media de la tarde y, en este preciso momento, llegan a mi -como por arte de magia- centenares de preguntas que balean mi alma desprotegida. Y desde esta inútil maquina absorbente, junto a este inútil cenicero consumidor, busco una salida inevitablemente oculta en otros lugares. Incluso, busco mis huellas y no logro divisarlas. Las busco, ahora, torpemente ajenas y efímeras.
Alguien una vez me dijo:
-Deberias caminar por el suelo, no por las nubes.
Y pensar que llegué hasta este lugar con zapatos de algodón!
Últimamente voy vagabunda sin rastro alguno a donde me lleve la vida. Por cielo o por tierra.
Mientras tanto, un marcapaso desincronizado en el corazón, me vuela la cabeza. Tal vez mi alma esté siendo atacada -quizá no por primera vez- en su costado más frágil.
2 comentarios:
no puedo creer que le hayan recomendado caminar con los pies en la tierra, quizás fue con muy mala fe, entiéndala en el sentido sartreano; yo no acostumbro dar consejos, ni lo haré, pero si quiere seguir con zapatos de algodon, volando, siga haciéndolo, quizás en alguna de esas ya no vuelve a la tierra, al menos, yo deseo eso para mi.
No recuerdo quien lo dijo. Sólo, más que un consejo, fué una obligación.
Gracias por sus palabras de aliento.
Dejeme comentarle que sigo con los zapatos de algodón más sujetados a mis pies que nunca.
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