
Mientras él se desfigura dando explicaciones, ella evita una sospecha de llanto con sus manos. Cerca, pero a la vez casi ajena a la habitación, una persiana raya la pared clara. Los almohadones huelen a sahumerios de noches anteriores. Él tiene un trayecto de salida por la puerta delantera y ella una angustia superácida (muchos más grande que la de un caramelo) atravesada en la garganta. Su cabello largo cae una vez más sobre los pies de la cama y sus piernas, sobre la almohada. Él anuncia la caida del sol con sus labios ciegos. Ella supo con anticipación que caería el sol antes del atardecer, en el preciso momento en que él atravesara esa puerta descocida con su mochila cargada de ignorancia. Él terminó una canción sin estribillo y salió sin despedirse. Ella no volvió a oir el paso vagabundo del sol por aquel sitio. Ni pensó en escuchar melodías rotas.
El mundo se detuvo en la última mirada de los ojos inválidos y las manos frias. Luego, unos cuantos mundos divergentes se consumieron en espejismos; pero sólo unos cuántos pocos, porque los demás desaparecieron muy lejos, hace tiempo.
3 comentarios:
La pic salió borrosa porque era exageradamente pequeña. Pero me encanta.
partir es morir un poco.
no lo dije yo, sé que lo dijo alguién más.
me gusto mucho.
"Él anuncia la caida del sol con sus labios ciegos"
Me gusto esta frase.
Cuanto morimos casa vez que nos vamos, que dejamos o debemos partir.
Saludos!
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