No estoy triste, estoy ausente. El verso se me cae de los labios y las manos, se hace pedazos contra el suelo y yo lo miro, inmutable. Es que no estoy cerca, es que no llego a sostenerlo a tiempo. Lo miro de lejos, estoy ausente ahí donde cae. Y entonces es que mis manos y mis labios no son estas que toco, sino otras, algunas otras más allá, del otro lado.
Estoy ausente y mi cuerpo tiene sabor a distancia, porque la lluvia me moja, porque la lluvia distante que viene desde allá me moja y entonces yo-soy-cuerpo-distancia. Me miro, me dibujo, me presiento.
Las palabras están asesinando un espacio de rayas que piden ser escritas. Llueven palabras sobre un cuaderno. Llueve distancia, no tengo palabras.
Llueve acá, pero viene de lejos.
Mi cuerpo, vaya letargo
(esto es simplemente un eco).
(esto es simplemente un eco).
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