Es tu malhumor a plena luz del día y mis molestas ganas de hablarte.
Es un mate sereno, tu sorbo agridulce y mi acompañamiento de bajas calorías.
Es tu salida a la calle, tus pies de acero y tu tránsito pesado.
Es tu música y la mia sin compás alguno, sin ensamble coordinado.
Son tus textos y carpetas por doquier, tus archivos y biromes, tus libros, tus notas, tus versos.
Son tus ganas de arrancarme una sonrisa cuando menos quiero reir pero cuando más lo necesito.
Quizá también sea el tácito acuerdo de querernos aún en esos momentos en los que no nos estamos soportando.
Son las horas sin dormir, el sueño prestado, la almohada mojada.
Los besos, los abrazos, los desgarros.
Son tus miedos y los mios, inventando al unísono una canción de cuna que no cesa.
Las almas adheridas que jamás vamos a ver y las muertes nuestras que jamás van a pasar.
Son todas tus poesias, hombre gota, escritas a la lluvia, a los cielos, a los sueños
y todas mis prosas teñidas de vos.
Puede que sea las palabras que todavía no dijiste, los silencios que te debo y algún par de entredichos exiliados.
La vida debe ser otra cosa mucho más entera, precisa, sencilla, más vulgar y sin mayúscula.
Debe ser una especie de vos y yo,
acá, ahora,
sin tiempo, sin rostros,
sin pasado, sin pretextos.
Sin sentido, sintiéndonos.
La vida debe ser el mundo entero
conspirando siempre,
pero siempre pasando de largo.
14.1.12
este no es el cielo y yo no estoy dormida
Voy cruzando de vereda con un pie descalzo y el otro pie de maquina, gigantes arcoiris (en plural, cuál es) y luciérnagas y ninfas se anidan en mi cabeza-nido y de repente me convierto en una extraña araña con nada más que dos patas y dos ojos y un popurrí sobre el cabello bello.
13.1.12
te pido
que cuánto más bastardo e inaguantable se vuelva el mundo, más quieras encontrar tu alma con la mia y más me dejes abrazar tus alas, no las partes que aún están sanas y salvas, sino aquellos rincones más rajados por la vida o por el paso del tiempo, que es lo mismo, pero no, porque decir vida es como decir vivir y decir tiempo es como decir algo que muere.
11.1.12
llueve
No estoy triste, estoy ausente. El verso se me cae de los labios y las manos, se hace pedazos contra el suelo y yo lo miro, inmutable. Es que no estoy cerca, es que no llego a sostenerlo a tiempo. Lo miro de lejos, estoy ausente ahí donde cae. Y entonces es que mis manos y mis labios no son estas que toco, sino otras, algunas otras más allá, del otro lado.
Estoy ausente y mi cuerpo tiene sabor a distancia, porque la lluvia me moja, porque la lluvia distante que viene desde allá me moja y entonces yo-soy-cuerpo-distancia. Me miro, me dibujo, me presiento.
Las palabras están asesinando un espacio de rayas que piden ser escritas. Llueven palabras sobre un cuaderno. Llueve distancia, no tengo palabras.
Llueve acá, pero viene de lejos.
Mi cuerpo, vaya letargo
(esto es simplemente un eco).
(esto es simplemente un eco).
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