27.11.05
Secuencia
No quiero volver a verlo acomodándose sobre mis labios y degenerando al amor. Porque mi boca está hecha trizas de tanto gemir en vano. Pero lo veo. Se acerca detonando el piso. En el vaivén de su pelo absorbe mis pensamientos y los estruja entre sus manos. Las palpitaciones que irritan el pecho y las mariposas, las malditas mariposas que no quieren morir y resucitan. Me mira y, como siempre, me convierto en esclava imnotizada. Caigo, en una red de hilos de seda que siempre resulta frágil. Con unas cuantas frazadas que se desmigajan y hielan, algunas alas rotas, dos llantos frustrados y un par de bolsillos cargados de idiotez, me rompo en mil pedacitos de cristal. Pedacitos que están hartos de volver a conformarme. Una y otra vez.
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4 comentarios:
La tentación que te quiebra el pecho. El alimento que nos sostiene para derribarnos.
Un beso.
No te conformes con menos.
Recién descubrí este rincón. Regresaré en cuanto la cotidianeidad me lo permita.
Saludos
Hermoso sentimiento, aunque doloroso.
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