Por un tiempo indeterminado desde hace no sé cuanto atrás hasta estos dias llegué a pensar en que Sharpe aún no habia abandonado su cuerpo para reencarnarse en otra persona, animal u objeto. De alguna manera mi subconsciente sabía de su muerte y me lo negaba, sobre todo en esas ocasiones como noches desoladas y lluviosas o tardes en que el té se parecía helarse sin su presencia.
Quizá la frecuencia con la que él interrumpía mi realidad era algo rutinario, por lo cuál no requeria de mi preocupación y hasta podía llegar a pasar desaperibido. Es como si hubiera olvidado en algún bolsillo de aquella campera perdida o sobre la mesa de algún café, el intervalo de tiempo que me recordaba detalladamente nuestros espacios compartidos. Y ultimamente son raras las veces en que vuelve como un boomerang del pasado alguna imagen, algún viejo retazo ínfimo de lo que fuimos. Reconozco que para encontrarle coherencia, agrego escenas que le otorguen sentido. Alguna conversación, alguna mirada de las que aún sospecho su remota existencia u origen.
Puedo llegar a sentir como algo carcome estas pocas neuronas y me y me deja exhausta sin respuestas. El pensar sólo se ha vuelto en una perdida del inexistente y tan proclamado por el hombre: el tiempo.
Entonces, volviendo al caso, los otros dias me desperté después de una pesadilla que me atemoriza todavía. Soñaba con una gran casa, al parecer era una mansión por el tamaño de la sala principal, donde solo habia una mesa y un candelabro en el centro. En una punta de la mesa estaba yo, vestida de blanco. En el otro extremo de esa larga tabla interminable, veía a un hombre, por la distancia, tenía la cabeza bastante pequeña, supuse. Había cierta tensión en ese lugar. La penumbra de oscuridad no me permitía decifrar ese rostro familiar que, luego de pensar en que estaba soñando y divagar entre razones, descubrí como las fases de Auguste Sharpe. Me hablaba con un tono triste en la voz. Casi al borde del llanto. Quebrada.
Sólo recuerdo una última frase:
-Melody, Yo no soy quién murió. Es hora de que se dé cuenta de que la extraño. Es usted quién me abandonó.
Me desperté temblando.
Sus palabras son como las gotas de la canilla que taladran a la madrugada desde el lavatorio del baño.
Aún no logro darme cuenta si me desperté o en ninguna momento estuve soñando.
Y el paréntesis de preguntas que confunden...
-Claro, cómo una persona como Sharpe, tan mágico ideal, me pertenecería?-
...que nacen después de infinitos períodos de nebulosas.
No sabré nada de vidas ni de muertes. Pero hoy quiero creer en resurrecciones.
2 comentarios:
" y el parentesis de pregunta me confunde"
que buena frase.
Saludos!!!
"No sabré nada de vidas ni de muertes. Pero hoy quiero creer en resurrecciones."
lo que ando necesitando, el empujoncito que me está haciendo tanta falta.
gracias por ponerme bien al borde de la cornisa, ahi, donde me toca estar.
besote!
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