Cinco segundos con los ojos cerrados me bastan y me sobran para realizarlo, sentado sobre un hongo luminoso frente a mi, guardando su mirada en mis labios. Me terminé de dar cuenta de que la ilusion es un arma de doble filo que, a la larga, te termina aniquilando. Por eso surgen las muertes, las resurrecciones, los desvaríos, que ni siquiera yo termino de comprender porque no tengo ni la más puta idea por donde empezar.
Ahora él se convirtió en plástico y poco a poco su cuerpo etéreo incorpora materia. Me recuerda a a esas letras melódicas de Radiohead...
"He looks like the real thing,
He taste like the real thing,
My fake plastic love."
Y yo, con este nido en la cabeza, estoy dispuesta a transformar lo poco que queda del jardín en una industria de juguetes prefabricados.
28.10.05
20.10.05
Auguste Sharpe y este maldito intervalo de nebulosas
Por un tiempo indeterminado desde hace no sé cuanto atrás hasta estos dias llegué a pensar en que Sharpe aún no habia abandonado su cuerpo para reencarnarse en otra persona, animal u objeto. De alguna manera mi subconsciente sabía de su muerte y me lo negaba, sobre todo en esas ocasiones como noches desoladas y lluviosas o tardes en que el té se parecía helarse sin su presencia.
Quizá la frecuencia con la que él interrumpía mi realidad era algo rutinario, por lo cuál no requeria de mi preocupación y hasta podía llegar a pasar desaperibido. Es como si hubiera olvidado en algún bolsillo de aquella campera perdida o sobre la mesa de algún café, el intervalo de tiempo que me recordaba detalladamente nuestros espacios compartidos. Y ultimamente son raras las veces en que vuelve como un boomerang del pasado alguna imagen, algún viejo retazo ínfimo de lo que fuimos. Reconozco que para encontrarle coherencia, agrego escenas que le otorguen sentido. Alguna conversación, alguna mirada de las que aún sospecho su remota existencia u origen.
Puedo llegar a sentir como algo carcome estas pocas neuronas y me y me deja exhausta sin respuestas. El pensar sólo se ha vuelto en una perdida del inexistente y tan proclamado por el hombre: el tiempo.
Entonces, volviendo al caso, los otros dias me desperté después de una pesadilla que me atemoriza todavía. Soñaba con una gran casa, al parecer era una mansión por el tamaño de la sala principal, donde solo habia una mesa y un candelabro en el centro. En una punta de la mesa estaba yo, vestida de blanco. En el otro extremo de esa larga tabla interminable, veía a un hombre, por la distancia, tenía la cabeza bastante pequeña, supuse. Había cierta tensión en ese lugar. La penumbra de oscuridad no me permitía decifrar ese rostro familiar que, luego de pensar en que estaba soñando y divagar entre razones, descubrí como las fases de Auguste Sharpe. Me hablaba con un tono triste en la voz. Casi al borde del llanto. Quebrada.
Sólo recuerdo una última frase:
-Melody, Yo no soy quién murió. Es hora de que se dé cuenta de que la extraño. Es usted quién me abandonó.
Me desperté temblando.
Sus palabras son como las gotas de la canilla que taladran a la madrugada desde el lavatorio del baño.
Aún no logro darme cuenta si me desperté o en ninguna momento estuve soñando.
Y el paréntesis de preguntas que confunden...
-Claro, cómo una persona como Sharpe, tan mágico ideal, me pertenecería?-
...que nacen después de infinitos períodos de nebulosas.
No sabré nada de vidas ni de muertes. Pero hoy quiero creer en resurrecciones.
Quizá la frecuencia con la que él interrumpía mi realidad era algo rutinario, por lo cuál no requeria de mi preocupación y hasta podía llegar a pasar desaperibido. Es como si hubiera olvidado en algún bolsillo de aquella campera perdida o sobre la mesa de algún café, el intervalo de tiempo que me recordaba detalladamente nuestros espacios compartidos. Y ultimamente son raras las veces en que vuelve como un boomerang del pasado alguna imagen, algún viejo retazo ínfimo de lo que fuimos. Reconozco que para encontrarle coherencia, agrego escenas que le otorguen sentido. Alguna conversación, alguna mirada de las que aún sospecho su remota existencia u origen.
Puedo llegar a sentir como algo carcome estas pocas neuronas y me y me deja exhausta sin respuestas. El pensar sólo se ha vuelto en una perdida del inexistente y tan proclamado por el hombre: el tiempo.
Entonces, volviendo al caso, los otros dias me desperté después de una pesadilla que me atemoriza todavía. Soñaba con una gran casa, al parecer era una mansión por el tamaño de la sala principal, donde solo habia una mesa y un candelabro en el centro. En una punta de la mesa estaba yo, vestida de blanco. En el otro extremo de esa larga tabla interminable, veía a un hombre, por la distancia, tenía la cabeza bastante pequeña, supuse. Había cierta tensión en ese lugar. La penumbra de oscuridad no me permitía decifrar ese rostro familiar que, luego de pensar en que estaba soñando y divagar entre razones, descubrí como las fases de Auguste Sharpe. Me hablaba con un tono triste en la voz. Casi al borde del llanto. Quebrada.
Sólo recuerdo una última frase:
-Melody, Yo no soy quién murió. Es hora de que se dé cuenta de que la extraño. Es usted quién me abandonó.
Me desperté temblando.
Sus palabras son como las gotas de la canilla que taladran a la madrugada desde el lavatorio del baño.
Aún no logro darme cuenta si me desperté o en ninguna momento estuve soñando.
Y el paréntesis de preguntas que confunden...
-Claro, cómo una persona como Sharpe, tan mágico ideal, me pertenecería?-
...que nacen después de infinitos períodos de nebulosas.
No sabré nada de vidas ni de muertes. Pero hoy quiero creer en resurrecciones.
18.10.05
Retorno ilusorio
Él, olvidándose de su inexistencia, adopta formas corporales y se convierte en la calidéz de los brazos que, después de largas travesías absurdas, esta piltrafa humana retorna sin condición ni fundamento.
13.10.05
Horizonte viejo aterciopelado
Quizás el suspiro en tu memoria que hoy vuela entre los mares de nose dónde, dejaría de ser el náufrago perdido que se oculta sin tierra firme.
Puertas y ventanas, vientos que azotan el incomprensible refugio del alma
a veces gris, oscuro
pero que jamás muestra algún destello que me mienta con su brillo,
por falta de luz que enterró y ya no emana.
Se supone que una tiene que recordar felizmente las sonrisas que irrumpieron ayer el alba casi mio, casi nuestro...pero es imposible y parece amanecer hasta cuando una menos lo espera. Ahora se vuelve triste, como el nudo que ata y no deja escapar palabras de amor...
melodias sin canción, amaneceres y casas
y desayunos postergados para algún porvenir lejano
y almohadones que conservan tu perfume
casi sagrado
en el viejo terciopelo azul de ese horizonte llano
que con las horas poco a poco se consume.
Puertas y ventanas, vientos que azotan el incomprensible refugio del alma
a veces gris, oscuro
pero que jamás muestra algún destello que me mienta con su brillo,
por falta de luz que enterró y ya no emana.
Se supone que una tiene que recordar felizmente las sonrisas que irrumpieron ayer el alba casi mio, casi nuestro...pero es imposible y parece amanecer hasta cuando una menos lo espera. Ahora se vuelve triste, como el nudo que ata y no deja escapar palabras de amor...
melodias sin canción, amaneceres y casas
y desayunos postergados para algún porvenir lejano
y almohadones que conservan tu perfume
casi sagrado
en el viejo terciopelo azul de ese horizonte llano
que con las horas poco a poco se consume.
12.10.05
Almas nuestras, que ni siquiera nos pertenecen
Buscaré eternas nuestras almas entre los espacios milimétrico de los segundos escondidos que ganamos. Las buscaré en las habitaciones, empapadas en sudor frio. Miraré por las cerraduras de las puertas que jamás se abrieron, hasta que me sangren los ojos. Desgarraré momentos entre la vigilia y el sueño, asesinando pensamientos que puedan llegar a pensarlas. Las escucharé, arrastrandose con el viento y burlandose de mi silencio. A palabra muda, las sentiré ajenas y me callaré para siempre. Abandonada yo, adoptadas ellas. Si invaden suburbios o gritan por las callespodrán escucharlas libres y sin refugio, desprotegidas. Y ya no tengo más ganas de engañarme. Los desprotegidos seremos nosotros.
Una vez más, en el hueco que dejaron...hoy mas que nunca
las sentiré ajenas, almas nuestras.
Una vez más, en el hueco que dejaron...hoy mas que nunca
las sentiré ajenas, almas nuestras.
6.10.05
Prófugos
Corriamos de la mano, los dos locos escapando del manicomnio.
Las calles parecían un desierto abandonado por la gente y por el dia. Sin embargo, la noche iluminaba nuestro recorrido.
Pasabamos entre autos detenidos evitando que alguien nos viera. Desde algún lado venían los sonidos resonantes de las sirenas abrumadoras de la policia.
Un rayo azul/rojizo nos atravesó la piel cuando pensabamos que ya estabamos salvados. Comenzamos de nuevo a jugar. En el camino, dimos con un local de ventas de cosas antiguas-usadas. Un espejo en la vidriera llamó nuestra atención. Nos detuvimos.
Agitados se vieron en el espejo dos rostros enamorados.
"Con permiso denegado a la libertad incondicional, se besaron y siguieron corriendo de la mano los dos prófugos vestidos de chaquetas celestes por las calles solitarias, huyendo de las sirenas". Informó el noticiero esa misma madrugada.
Paradoja mental en honor a la realidad de la cual inentamos escapar.
Más allá de que el mundo esté en contra,
nadie más que nosotros.
Las calles parecían un desierto abandonado por la gente y por el dia. Sin embargo, la noche iluminaba nuestro recorrido.
Pasabamos entre autos detenidos evitando que alguien nos viera. Desde algún lado venían los sonidos resonantes de las sirenas abrumadoras de la policia.
Un rayo azul/rojizo nos atravesó la piel cuando pensabamos que ya estabamos salvados. Comenzamos de nuevo a jugar. En el camino, dimos con un local de ventas de cosas antiguas-usadas. Un espejo en la vidriera llamó nuestra atención. Nos detuvimos.
Agitados se vieron en el espejo dos rostros enamorados.
"Con permiso denegado a la libertad incondicional, se besaron y siguieron corriendo de la mano los dos prófugos vestidos de chaquetas celestes por las calles solitarias, huyendo de las sirenas". Informó el noticiero esa misma madrugada.
Paradoja mental en honor a la realidad de la cual inentamos escapar.
Más allá de que el mundo esté en contra,
nadie más que nosotros.
3.10.05
24 de Junio de 1989 - Su recuerdo
Miré el estante inmenso de madera que habia en el lugar. Parecía de unos varios años atrás, quiza de generaciones pasadas. El algarrobo resaltaba por debajo del barniz brilloso. Yo, bajo el efecto de las copas tomadas durante toda la noche, intentaba mantenerme en pié, jadeando junto a una silla acolchonada de gran respaldo que se encontraba a mi lado y que, por momentos, parecia mover sus patas con disimulo.
Espiaba por la puerta que estaba entreabierta unos pasos más allá, a mi derecha. Parecía estar todo desierto. Sé que cuando Sharpe va en busca de sus afamadas tazas de té para disminuir un poco el mareo, no llega en un santiamén. Es como si se tomara los minutos necesarios para hacerle algún tipo de plegaria a cada cuacharada de azúcar.
Mientras pensaba en el contenido de la biblioteca que, me llamaba la atención y por curiosidad femenina, quería revisar, recorrí la habitación con la mirada. Los cuadros en las paredes revelaban tristeza, analicé sin certeza de lo que pensaba. Eran oscuros y de viejas imágenes que al mirarlos recordaban algún efímero deja vú. También había un escritorio barnizado al igual que la biblioteca. Quizá los compraron al mismo tiempo en el mismo lugar, hace ya bastante. Allí, una lámpara desenchufada y unos papeles amontonados dormían sin causar quejido algúno de estar abandonados. Coleccionaban polvillo atmosférico de días atrás y tiempos remotos sobre la superficie material.
Sentí una mano fría en mi hombro. Me dí vuelta, luego de saltar del susto, era él. Auguste nunca perdía esa costumbre de sorprenderme. Portaba sus eternos treinta años con mucha madurez. Su cabello negro y su tez blanca, jamás hubieran disimulado el acento francés de esa persona.Guardó silencio mientras me miraba y parecía pensar y/o recordar cosas que a veces a uno se le vienen a la mente en los momentos menos esperados. Tomé la bandeja que tenía en las manos y la dejé sobre la mesa junto a la vieja lámpara.
Lo abrazé, o me ví muerta en el intento.
Hubiera imaginado infinidad de jardines solo mios pero desiertos. Perdidos. Visualicé el manojo de sus cartas quemadas en el fuego, también ilusorio. No estaba. Ni su olor lejano me acompañaba.
Habrá terminado todo cuando él ya no envió más cartas?
O sus postales fueron solo un juego perverso estratégicamente planeado, inigualable en su imitación ya que me resultaba veráz, aunque debería reconocer que la soñadora vive de irrealidades.
Dicen que las personas mueren recién cuando uno las deja de recordar.
Espiaba por la puerta que estaba entreabierta unos pasos más allá, a mi derecha. Parecía estar todo desierto. Sé que cuando Sharpe va en busca de sus afamadas tazas de té para disminuir un poco el mareo, no llega en un santiamén. Es como si se tomara los minutos necesarios para hacerle algún tipo de plegaria a cada cuacharada de azúcar.
Mientras pensaba en el contenido de la biblioteca que, me llamaba la atención y por curiosidad femenina, quería revisar, recorrí la habitación con la mirada. Los cuadros en las paredes revelaban tristeza, analicé sin certeza de lo que pensaba. Eran oscuros y de viejas imágenes que al mirarlos recordaban algún efímero deja vú. También había un escritorio barnizado al igual que la biblioteca. Quizá los compraron al mismo tiempo en el mismo lugar, hace ya bastante. Allí, una lámpara desenchufada y unos papeles amontonados dormían sin causar quejido algúno de estar abandonados. Coleccionaban polvillo atmosférico de días atrás y tiempos remotos sobre la superficie material.
Sentí una mano fría en mi hombro. Me dí vuelta, luego de saltar del susto, era él. Auguste nunca perdía esa costumbre de sorprenderme. Portaba sus eternos treinta años con mucha madurez. Su cabello negro y su tez blanca, jamás hubieran disimulado el acento francés de esa persona.Guardó silencio mientras me miraba y parecía pensar y/o recordar cosas que a veces a uno se le vienen a la mente en los momentos menos esperados. Tomé la bandeja que tenía en las manos y la dejé sobre la mesa junto a la vieja lámpara.
Lo abrazé, o me ví muerta en el intento.
Hubiera imaginado infinidad de jardines solo mios pero desiertos. Perdidos. Visualicé el manojo de sus cartas quemadas en el fuego, también ilusorio. No estaba. Ni su olor lejano me acompañaba.
Habrá terminado todo cuando él ya no envió más cartas?
O sus postales fueron solo un juego perverso estratégicamente planeado, inigualable en su imitación ya que me resultaba veráz, aunque debería reconocer que la soñadora vive de irrealidades.
Dicen que las personas mueren recién cuando uno las deja de recordar.
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