No siempre pasa que la luna se nos viene encima cual meteorito que no logra desintegrarse entre las mantas de las capas de allá arriba donde está la atmósfera.
Pero cuando pasa, el momento estalla en cráteres y pisadas de hombres que alguna vez fueron astronautas y que soñaron –en una siesta- que tocaban con un dedo del pie la superficie de la luna para llegar a ser alguien importante en la historia del Universo.
Una se vuelve toda cuerpo celeste o chica lunar: o chica de cuerpo con punto marrón y sin ojos celestes. Y eso no interesa. Somos, entre tantos y tantos seres, únicos. Pero también somos una partícula en el medio del infinito que, cuando reposa, sueña en volcar grandes dosis de tinta sobre alguna superficie y versar sobre lo que somos y lo que no, y entonces llegar a ser alguien importante en la historia de la humanidad.
18.5.10
sonido de soneto
Nosotros nos partimos en dos y vemos el silencio cual melodía en partitura.
El rato nos chistará mientras tibiamente nos volvemos a sumar.
I
Hay momentos en que las hojas cantan o murmuran una canción desafinada: nuestros ojos son vestigios de miradas que alguna vez fueron -¿cómo olvidarlo?- un propósito que se agotaba en sí mismo mientras un hombre-gota escribía sobre un mar que no alcanzaba y una historia que no era.
II
A veces, más ahora que antes y mucho menos que mañana, somos una distancia que se va suprimiendo hasta desaparecer. Una distancia que no dista de una cercanía de vals o, por qué no, de tango. O somos algo así como un popurrí de versos de primera escala que -paleta en mano- empiezan torpemente a dibujar un soneto.
Ciertos poemas -más aún, sus últimos tres versos- nunca dejan de tener un aire a puntos suspensivos.
El rato nos chistará mientras tibiamente nos volvemos a sumar.
I
Hay momentos en que las hojas cantan o murmuran una canción desafinada: nuestros ojos son vestigios de miradas que alguna vez fueron -¿cómo olvidarlo?- un propósito que se agotaba en sí mismo mientras un hombre-gota escribía sobre un mar que no alcanzaba y una historia que no era.
II
A veces, más ahora que antes y mucho menos que mañana, somos una distancia que se va suprimiendo hasta desaparecer. Una distancia que no dista de una cercanía de vals o, por qué no, de tango. O somos algo así como un popurrí de versos de primera escala que -paleta en mano- empiezan torpemente a dibujar un soneto.
Ciertos poemas -más aún, sus últimos tres versos- nunca dejan de tener un aire a puntos suspensivos.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)